Mi padre, Rafael Juárez Flórez (8/12/1928 – 10/5/2018)

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Mi padre era Rafael Juárez, Rafa o Sr. Juárez en ENDESA, y la mayor parte de lo que voy a escribir lo hablo por boca de otros no por mí, que siempre fui el más crítico con él.

Nació en Salas de los Barrios a finales de 1928, el día de la Inmaculada, a una legua (medida itineraria) de Ponferrada. Entre la escuela y las viñas de la familia andaba cuando el “el Girón” antes de ser guerrillero hacía peonadas para mis abuelos y comía en la casa familiar de vez en cuando. Se quedó huérfano de padre de niño ya que mi abuelo Juan (vigilante de líneas eléctricas de La Minero-Siderúrgica de Ponferrada) apareció un día laboral de 1943, y con 43 años, en el ejercicio de su trabajo ahogado en el río con un golpe en la cabeza, por circunstancias no muy bien aclaradas. Su madre siguió bregando, manteniendo el capital con 6 hijos, hasta que falleció poco antes de los 60 años.

Aunque pudo hacer estudios reglados, después de ir al seminario de Astorga y luego a Salamanca, volvió detrás de su hermano Juan para el pueblo ‘colgando’ los estudios y con el cabreo supino de la susodicha progenitora, Felipa Flórez, que se las gastaba de ‘agárrate que hay curva’.

Empezó a trabajar por tanto, antes de la adolescencia, de pinche, en donde mi abuelo había dejado el pellejo. Conoció al box “El Belga”. Después ya entró en el taller eléctrico, y puso interés en el oficio. Cuando le llegó la edad se fue voluntario al Ejército del Aire y entre Villanubla (Valladolid) y Lugo de Llanera (Asturias) pasó el servicio militar.

Volvió al Bierzo en la floreciente etapa del wolfran, trabajó en sacar este jugoso mineral algo más de un año, y se casó con la sobrina del nuevo cura de Los Barrios que venía de Zamora, mi madre Eugenia. Con el carnet de instalador eléctrico oficial, con conocimientos adquiridos y con un equipo a su cargo estuvo en la instalación eléctrica del nuevo pantano de Bárcena en una empresa del INI; y de ahí a ENDESA con 27 años.

En ENDESA pasó el resto de su vida laboral, bien estuvo en ella, con los más y los menos de la propia empresa. Entró de Oficial de 2ª, y fue de los que tenía que trabajar de verdad para construir la joya de la corona de la energía estatal. Ellos construyeron palmo a palmo las centrales. Cuando estaba haciendo (literalmente, y junto con toda aquella buena gente de posguerra trabajadora)  la hidroeléctrica, llamada también de Bárcena, se lo quisieron llevar los suizos, para La Suiza, a trabajar con ellos visto su buen hacer. Mi madre, ella, dijo que no.

Polivalente en conocimientos técnicos, un crack en planos y especializado en protecciones eléctricas. Llegó a mando intermedio por medio de oposiciones-examen internas, de Oficial de 1ª pasó a Primera B de Oficios (operador de cuadro), a Primera A (montador), y luego ya asimilación a montador jefe (3ª técnica), -también algo anduvo por el comité de empresa- con la unánime afirmación de sus compañeros y subalternos de que tenían que haberle dado una categoría más. ”Era un profesional como la copa de un pino” decían. Pero eso es otro cantar; él era parco en palabras y mal comunicador -no le gustaba meterle la lengua en el culo a nadie-, y eso es malo para los ascensos. “Jamás se acercaba a los altos jefes – me dicen-, eran ellos los que iban a él a preguntarle”.

El as en la manga era que las empresas privadas se lo rifaban, y sacando horas de donde no las había, hacía cuadros de protecciones eléctricas para empresas punteras a nivel provincial-autonómico, como eran Fernández de la Mata, Casero y COELBI.

Las viñas eran otra de sus pasiones.

Fueron muchos los que ayer fueron a darle la despedida, entre ellos varios empresarios de los cuales su mejor amigo era José María Fernández de la Mata, empresario del año en su día en la provincia de León, que nos decía ayer:

“Es el mejor hombre y mejor profesional que he conocido nunca. De él aprendieron muchos. Los alemanes con los que tuvo relación mi empresa decían que estos cuadros de protecciones era imposible que se hicieran es España, y los hacía tu padre…, además si sabía 5 siempre decía que sabía 3”.

Honesto como tantos otros de su generación, modesto, franco, nervioso, de arranques, rudo a veces quizás, con retranca, de fuerza hercúlea, andarín y buena persona porque lo era sin más. Muy católico. Más inteligente de lo que aparentaba y culto en su medida. De prensa diaria y alguna revista, libros de técnica y de vez en cuando algún libro de otras categorías que le gustara. Veía los telediarios y algún concurso de la tele, oía la radio comarcal, hacía crucigramas, jugaba a las cartas y recuerdo jugar al ajedrez con él de niño. Gran observador; y en cultura popular y saber cómo va el negocio de la vida, ahí, se salía. Tuvo tres hijos, Rafa, Tito y un servidor al que llamaba Suso, y tuvo que despedir a mi hermano mediano hace menos de tres años, y eso duele. Por ahora tiene tres nietos.

Llevaba muriéndose unos meses, porque perder el cuerpo y la mente es empezar a morirse, y de las dos y únicas alternativas que tenía, parada cardiaca o calvario contra un enemigo invencible, optó por el bien de todos y escogió la primera con cerca ya de los 90 años, que no está nada mal.

Buen padre y buen marido. Papa, siempre mantuviste la familia unida junto con mama, muchas veces sólo con tu mirada, sin decir nada. A mí nunca me dejaste mandar todo a la mierda, aunque te encontraras con mi ira. Jamás nos faltó de nada.

Estamos muy orgullosos de ti, de verdad. Un beso.

Suso.

Ponferrada 12-5-2018

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