El aullido, Javier García-Prieto

Fuente: Diario de León | luis artigue 05/01/2013
Amo León porque aquí abunda lo raro… Entre vino y vino, que es la forma que los marineros de tierra adentro tenemos de ir entre ola y ola, una de estas mañanas de cielo amoratado como una lombarda me cuenta Javier García-Prieto, acaso la personalidad más compleja, inclasificable y fascinante que ha dado nuestro adocenada clase política, un raro del PP, la historia de los irlandeses de León.
Me dice que, como siempre, todo empezó con un pionero: un bohemio magnético, pedagógico y filósofo que se enamoró de nuestro vino, y de este frío que desinfecta más que la tristeza, y de las tapas gratuitas, y las callejas intestinales, laberínticas, del Barrio Húmedo.
Fue por eso, por amor al comercio vital del Barrio Húmedo —sabido es que el amor es en el fondo el motor de toda audacia— que se quedó en esta ciudad y se inventó una forma de ganarse el pan: clases de inglés y de vida (a su casa alquilada iban de cinco en cinco personas a contar sus penas y alegrías, a desahogarse, a psicologizarse, a filosofar, a ser escuchados y comprendidos y reconducidos emocionalmente, pero todo hablando siempre en inglés ante una taza de té).
Después de ese irlandés con maneras de Rey de Copas vino otro, y otro, y otros, y conforman aquí aún la tribu de raros pero eficaces profesores irlandeses de inglés y de existencia. Gente feliz con lágrimas los bohemios. Y personas con inquietud idiomática pero doloridas por la vida, personas que llevan escrito en el rostro ese verso de Claudio Rodríguez «si ya la luz se la han llevado toda, ¿cómo voy a esperar nada del alba?» que van a sus casas a verlos, y salen amanecidos y diciendo Thank you very much.
Me cuenta JG-P que le preguntó a uno de esos profesores filósofos, Donal Savage: ¿tú que diferencia encuentras entre vivir en León y vivir en Belfast? Respuesta: ¡Que allí no hay gemelos! ¿Y eso? Sí, mira, tú vas un día caminando por la calle Ordoño y te encuentras con un conocido que te para, y te pregunta por tu vida y tus cosas, y te dice que lo ha hablado con su mujer y han pensado en invitarte a cenar a su casa no tardando… Dos días después te encuentras con la misma persona, y hace como que no te ve o no te saluda. Y piensas: debe de ser el hermano gemelo del tipo con el que me encontré anteayer… ¡Pues en Belfast no hay gemelos!
Evocadoras historias de esta ciudad verbal alentadas por el vino que, ya se sabe, las da estilo, atmósfera, turbiedad, profundidad, desorden y trascendencia. Personajes que las cuentan así, como con miedo a que escribas sobre ellos, sí, interesantes personajes del León más influyente que en la intimidad te hablan como huyendo de la novela que son…
¡No sé si León cuenta pero sabe contar!
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