Los ‘Odyssey’ leoneses

Tres barcos capitaneados por el berciano Álvaro Mendaña, descubridor de las Islas Salomón, se hundieron en el Pacífico sin que nadie haya podido localizar su paradero.

 
Retrato del navegante leonés Álvaro de Mendaña.
 Retrato del navegante leonés Álvaro de Mendaña. dl
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e. gancedo | león 01/03/2012
Quedan aún muchos tesoros bajo el mar. Estén formados por monedas de oro o sean restos de navíos con abundante información sobre la navegación y la economía de la época, las aguas del Atlántico y el Pacífico —principalmente— esconden antigüedades que empresas ‘cazatesoros’ como la ya famosa Odyssey Marine Exploration se encargan de localizar y recuperar para después —si les sale bien la jugada, al revés de lo que le ocurrió recientemente a la firma estadounidense—, vender al mejor postor.
Algunos de esos barcos hundidos, tres en concreto, que esperan descubridor en puntos aún ignotos del Oceáno Pacífico son los que capitaneara en la segunda mitad del siglo XVI el insigne navegante leonés Álvaro de Mendaña, descubridor de las Islas Salomón y las Marquesas. Hablamos del Santa Ysabel, un galeón de 200 a 300 toneladas que desapareció el 7 de septiembre de 1595; del San Felipe, galeota de 30 a 40 toneladas de la que nada se volvió a saber el 10 de diciembre de 1595; y del Santa Catalina, fragata de 30 a 40 toneladas que naufragó el 19 de diciembre de 1595. Todos ellos, junto a la nave capitana, el San Gerónimo, formaban parte de una ambiciosa campaña cuyo objetivo era colonizar las Islas Salomón, en plena Oceanía. Y es que en el Perú varias leyendas incas hablaban de una tierra occidental que hervía de puro oro, mitos que de inmediato se compararon con las fabulosas minas del bíblico Rey Salomón.
La epopeya de un berciano. Esa era la segunda gran expedición del capitán Mendaña, nacido en la población berciana de Congosto en 1541 y que murió en 1595 en el transcurso de ese mismo viaje. Ya en el primero de tales periplos, donde empleó dos barcos (el Los Reyes y el Todos los Santos) y 150 hombres, logró hollar las Salomón y decenas de otros islotes y atolones. El objetivo declarado era buscar la entonces llamada y perseguida Terra Australis Incognita, explorar sus recursos y preparar su posible colonización. Se cree que en el transcurso de alguno de los viajes que impulsara se llegó a avistar el continente australiano, pero no pusieron pie en él.
Gracias a la influencia de su esposa Isabel de Barreto, mujer de fuerte carácter, consiguió Mendaña la autorización de las autoridades, negada a causa de viejas rencillas, para iniciar otro gran viaje que abriera la puerta a la colonización de las islas y, así, después de 25 años de intentos, logró armar los cuatro barcos citados —400 personas a bordo— en una expedición de auténtica película en la que el berciano encontraría la muerte a causa de la malaria. Para este segundo viaje partió también del Callao y en su transcurso halló las Islas Marquesas, así bautizadas en honor al virrey de Perú, Marqués de Cañete, patrocinador de la aventura, además de divisar una de las Islas Cook. Pero la odisea derivó en caos, con Mendaña muerto (quedando su mujer al mando, cosa curiosísima para la época), soldados cometiendo crímenes y excesos contra la población indígenas y hasta intentos de rebelión.
Sólo el San Gerónimo acabaría retornando al Callao: atrás quedaron los tres grandes navíos que perseguían la tierra de las minas de oro pero que jamás regresaron a puerto. ¿Qué secretos guardan aún sus bodegas?
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