El 16 de Julio de 1936 empieza el golpe de Estado en el campo de tiro de Las Coloradas en Las Palmas de G.C.

El 16 de Julio de 1936 empieza el golpe de Estado en el campo de tiro de Las Coloradas en la zona militar de La Isleta de Gran Canaria. En recientes estudios y libros es casi un hecho que el General Blames fue asesinado para que Franco, a la sazón Comandante General de Canarias pudiera asistir al entierro, proclamar allí el golpe de Estado (Manifiesto de Las Palmas) y subir al Dragón Rapide, traído de Inglaterra y que ya estaba en el entonces aeródromo de Gando. A partir de ahí su objetivo era hacerse con el mando del Ejercito destacado en el norte de África y sublevarse el 18 de Julio de 1936 contra el Gobierno de la República.
He leído bastante al respecto de la conspiración e inicio de la guerra civil en Las Palmas pues estuvo muy involucrado el Regimiento de Infantería Canarias nº 39 -hoy Canarias nº 50- al cual pertenecí y de alguna forma todavía pertezco. Este Regimiento posteriormente intervino -como tantos otros- en la Guerra Civil consiguiendo varias condecoraciones colectivas e individuales. No entro en polémicas sobre vencedores y vencidos, ni sobre las dos españas pues hoy este Regimiento, de 438 años de antigüedad y numerosos hechos de armas,  desde sus soldados a sus jefes son un claro ejemplo de militares fieles a una sola España democrática que ahora está derramando sangre en misiones en el extranjero.
Franco, conspiración y asesinato POR ÁNGEL VIÑAS, DOMINGO-EL PAIS
Con la muerte del general Balmes, víctima de un supuesto accidente, se inició la ejecución del golpe de Estado de julio de 1936. A partir de ahí se produjeron el ascenso imparable de Franco a la cúpula del poder y la cadena de tópicos con la que se ha pretendido justificar sus actos
No se necesita indicar año. Día y mes apuntan a la Guerra Civil, el parteaguas de nuestra historia contemporánea. Catástrofe para la inmensa mayoría. Ningún partido la reivindica hoy. Sin embargo, todavía hay políticos, comentaristas y algún que otro historiador que la justifican como inevitable.
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El general Franco (primer plano, centro de la foto) y el general Balmes (primer plano, derecha de la foto) con otros jefes militares, en mayo de 1936. Foto: archivo de la familia Balmes.
Una doble tenaza contra las reformas
La conspiración antigubernamental se desató en serio en 1932. Abortado el golpe del general Sanjurjo en agosto, los descontentos pronto reanudaron sus actividades subversivas. Las vastas reformas políticas, sociales, culturales y económicas del bienio progresista constituyeron un desafío inaceptable. Sobre todo las últimas, con su promesa de reforma agraria que una buena parte de las derechas trató de aguar todo lo posible. Lo demostró hace muchos años Alejandro López. En 1933 monárquicos, militares y carlistas establecieron prometedores contactos operativos con la Italia fascista. En marzo de 1934 (¡atención a esta fecha!) Mussolini prometió su apoyo, en dinero y material, ante una sublevación mejor preparada. Al principio no fue necesaria llevarla a la práctica. El vaciado de las reformas se haría desde el Gobierno. El catolicismo político, nucleado en torno a la CEDA, se encargó de impulsar la tarea en el denominado bienio negro.
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El general Balmes, muerto en extrañas circunstancias la víspera de la sublevación. Foto: archivo de la familia Balmes.
Esta estrategia pudo dar resultado. La ulterior revolución en octubre de 1934 permitió desmantelar a una izquierda exasperada y provocada por la paralización de las reformas. Las represalias chocaron incluso al embajador británico. En diciembre de 1935, el líder cedista, José María Gil Robles, ministro de la Guerra y que se había rodeado de militares hiperconservadores, pensó que tenía a su alcance la presidencia del Gobierno. Hélas!El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, le vetó. No se fiaba de él. Algunos generales y jefes empezaron inmediatamente a pensar de nuevo en la apartada insurrección. A las iniciales reuniones se invitó a un general hoy olvidado y que había participado en las operaciones de Asturias, Amado Balmes. No asistió.
El momento no era propicio. No cuando iban a convocarse unas elecciones generales que las derechas confiaban en ganar. En febrero de 1936 sus expectativas se frustraron. El triunfo lo obtuvo la coalición del Frente Popular. La reacción fue pavloviana: había que derribar por la fuerza al nuevo Gobierno, sin ministros socialistas o comunistas, y apoyado por toda la izquierda.
Franco no desempeñó un papel de primera línea en la preparación de la sublevación. Lo hizo Mola desde Pamplona
De forma un tanto optimista, el nuevo cerebro de la futura sublevación, el general Emilio Mola, sucesor del general Manuel Goded, la previó para abril. Demasiado pronto. Había que contribuir a crear el adecuado clima de inestabilidad.
Destrucción de los mitos franquistas
La investigación ha identificado, entre otros, los siguientes extremos:
– Franco no desempeñó un papel de primera línea en la preparación de la sublevación. Lo hizo Mola desde Pamplona por cuenta de Sanjurjo, exiliado en Portugal. Franco ocupó un lugar secundario.
– En contra de lo aducido en la mayor parte de la literatura, Franco decidió sumarse a la sublevación hacia mitad de junio. Necesitaba, eso sí, dejar su puesto de comandante general de Canarias con sede en Tenerife para, siguiendo las instrucciones de Mola, ponerse a la cabeza del ejército de Marruecos.
– La trama civil le proporcionó el medio de salida: un avión que se fletó en Londres gracias al apoyo económico de Juan March. Franco sondeó a finales de junio o principios de julio a su compañero, el general Balmes, a la sazón subordinado suyo como comandante militar de Las Palmas. Todo hace pensar que Balmes no quiso secundarle.
– El golpe no estalló ni el 17 ni el 18 de julio. Estalló, en realidad, el 16 cuando Balmes sufrió un accidente y el avión ya estaba en Gando. Franco empezó su ascenso hacia la cúspide con un asesinato. Balmes empero no murió en el acto y, naturalmente, reconoció a su asesino. Ingresado en la Casa de Socorro, pidió no un médico o un sacerdote sino un juez o un notario. Cabe imaginar la consternación de los conspiradores que le rodeaban. Entre ellos figuraba quien iba a ser el juez militar que se encargó de la instrucción del caso, un comandante llamado Pinto de la Rosa, ligado por lazos familiares con la esposa del general. A esta, ya le había dicho el marido que era un hombre “muy peligroso”.
– Durante el franquismo estuvo de moda presentar la muerte violenta, a manos de unos electrones libres de la Guardia Civil y de Asalto, del proto-mártir José Calvo Sotelo como evidencia del grado de depravación del Gobierno. El único crimen de Estado fue el inducido por Franco. Quienes no me crean, aduciendo que no he encontrado ninguna orden suya escrita, como si hubiera debido reflejarla en papel, deben saber que en la sentencia de un consejo de guerra en Canarias los sublevados reconocieron paladinamente que no todo se ponía por escrito. Lógico.
La sublevación fracasó como golpe de Estado. Se afirma que sus promotores no habían pensado en una guerra civil. Hay indicios que permiten intuir lo contrario. La reversión de las reformas republicanas bien lo merecía. En lo que nadie había pensado fue en que Franco pudiera encaramarse hacia la cúspide.
El golpe no estalló ni el 17, ni el 18 de julio. En realidad fue el 16, cuando Balmes sufrió un ‘accidente’. Franco empezó su ascenso a la cúspide con un asesinato
Ángel Viñas, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, prepara una edición ampliada de La conspiración del general Franco.
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