El ejército romano se asienta en el Bierzo

La Península Ibérica era una entidad geográfica única que los romanos llamaron Hispania y su habitantes recibieron el nombre de hispanos.

En el año 206 a. J.C. Hispania estaba gobernada por dos pretores, dividiéndose definitivamente en dos provincias, la Citerior y la Ulterior, en el año 197, año en el que el senado romano se vio obligado a enviar al cónsul Marco Porcio Catón a la Hispania Citerior para aplacar la sublevación de las tribus indígenas. Este envío hizo que Hispania se convirtiera en provincia consular, como lo era Italia, si bien, las dos provincias hispánicas siguieron gobernadas por dos pretores.
La frontera del Imperio romano dividía Hispania y su dominio se iba extendiendo hacia la parte noroccidental tratando de adueñarse de las tierras y explotaciones de los pobladores autóctonos; las tierras conquistadas eran vendidas a otras tribus con las que Roma tenía acuerdos pacíficos, a las que cobraba impuestos y con las que se aliaba para seguir dominando. La conquista de Hispania no fue empresa fácil, las guerras se sucedieron continuamente; en el año 155 a. J.C. se inicia la rebelión de los vetones y lusitanos, que duró hasta el año 72 a. J.C.; a ésta se sumó en el 143 la de los belos, los titos y la tribu de los heroicos arévacos numantinos, cuya ciudad tomó Escipión en el año 133. No llegaría la pacificación a Celtiberia hasta el año 19-16 a. J.C., los astures, junto con los cántabros y vacceos, fueron los últimos pueblos de la Península Ibérica que se sometieron a Roma.
Los astures habitaban el noroeste de la Península. Asentados entre el río Sella (Astura) y el Navia, que trazaban sus fronteras, respectivamente, con los cántabros por el este y con los galaicos por el oeste, se extendían por el Bierzo y la meseta de León, colindantes con los vacceos. En el año 29 a. J.C. las legiones romanas se adentraron en su territorio y en el de los vacceos y el de los cántabros, y fueron anexionados al Imperio por Statilio Tauro, legado de Augusto.
Creando una línea de colonias desde Lanciatum hasta Bergidum y Galicia, la Legión V se asentó en el valle del Era, en la submontaña norestal del Bierzo, fundando su campamento fijo (castra stativa) y un fuerte (o toral) , donde albergaron a los civiles y esclavos que trabajarían en las explotaciones auríferas en pro del Imperio.
En las Eras se decidió la ubicación de la guarnición y se construyó un foso cruzando el valle y por la parte norte del lugar elegido, levantando una valla de estacas, que con el tiempo sustituirían por bloques de piedra, a cargo de los soldados constructores; el resto del contorno estaba guarnecido por una laguna, la laguna de Refueyos. Una vez fortificado el recinto, organizado el hospital y los servicios sanitarios, los soldados construyeron la vía que uniría la base militar con Bergidum, y enlazaron por el este con la colonia anterior, por donde habían venido desde Legio VII, casi en línea recta, próximos a las estribaciones montañosas.
En el campamento que habían establecido pusieron esta señal que vemos en la fotografía, que indicaba que se había llegado al campamento de la Legión Romana V, como nos dice su inscripción : LEG c RV IC(LEGIONIS ROMANAE  QUINTAE PRIMA CASTRA ); la letra c minúscula mira hacia la izquierda, haciendo referencia a lo militar.
En el dibujo grabado en la columna se detalla la forma del foso o vallum, que habían construido dividiendo el valle desde una montaña hasta la otra, y el paso de la vía o el lugar de la entrada, cerca de la que se había construido una torre para el cuerpo de guardia, lugar llamado hoy Torre o mata Torre.
El solar público elegido para el campamento se llamaba Eras (area -ae, areae, solar, plaza pública), donde se instalaron los legionarios con sus tiendas; el pretorio con los mandos militares lo hizo en la Corona de Refueyos, próximo a los servicios sanitarios y la fuente y balneario de la Burga
El foso
que cruzaba el valle entre Quintana y Cabanillas, impidiendo el paso, es el formado por los taludes del lugar las Eras y la Carnera, donde las piedras permanecen a modo de muralla tumbada o empleadas para el cierre de las fincas. El cerco del campamento lo completaba el estancamiento natural del arroyo de Refueyos, que nace en la Burga, junto a la Corona de Refueyos, entre las Eras y la Paredina.
Los colonos y los soldados que ejercían oficios, como los escribanos, los encargados de arreglar las carretas y las armaduras, se asentaron en un fuerte, un llano entre las lagunas de Refueyos y la Lavandera. En el valle del Era, se puso en marcha un nuevo plan para las explotaciones auríferas, pues los astures prácticamente se limitaban a lavar y recoger el oro en las orillas de los lagos y ríos, y en el desarrollo del proyecto, desecaron la laguna de Refueyos y la de la Lavandera y el lago del Moural, y como el asentamiento de la colonia estaba entre los fondos de estas dos lagunas secas le llamaron Interamnium. Los topónimos de estas hondonadas aun se conocen con el nombre de Fondo las Llamas y Fondo la Vega, y se aprecian claramente sus bordes, y los solares y cimientos de las casas se encuentran en el Toral, en Chanos, la Corza y los Burgones, lugar éste de los balnearios y aseos; en estos lugares puede verse el trazado de calles y restos de viales en los Burgones, hacia el pontón de Fondo la Vega, por donde se llega a la Pedrosa, topónimo que se refiere precisamente a empedrado, como el de Valdecouso (cursus) a camino; también hay un miliario junto a la iglesia, y se sabe de otros dos desaparecidos, uno que estaba de soporte de la pila bautismal del templo parroquial y otro que hacía de mojón entre Quintana y Cabanillas.
Pero lo que parecía una colonización y evolución económica y social pacífica pronto se tornó en descontento y rebelión de las tribus, la imposición de las duras leyes romanas, la presión fiscal, el dominio y la política de explotación de todo para el Imperio provocó la rápida sublevación de los vacceos, de los cántabros y los astures.
Incesantemente se sucedieron los ataques y escaramuzas, una tribal lucha de guerrillas que poco podía hacer contra el poderoso ejército romano. Pero la rebelión tomó tal cariz que en el año 27 a. J.C. el mismo emperador Agusto tuvo que acudir para someterlos, dirigiendo las operaciones militares durante los años 26 y 25, no logrando Roma someterlos hasta el año 19 a. J.C.
Los astures de las torcas, ocupado su territorio, vivieron como proscritos en sus campamentos y ciudades de la montaña, en las campas de Piedrafita, la Ciudad de las Viellas (matronas), el Chano Mayor y los Corros, desde donde reivindicaban no sólo sus tierras del Valle del Era, sino su libertad.
Su rebelión, sazonada con grandísimo odio, fue reprimida con mayor crueldad, y sus conspiraciones con inclemencia. Roma los acorraló en el monte de los Mozones, el monte solo, apoyándose en el cerco que formaban los ríos Era y Boeza, y los arroyos de Valdecouso y Fuyinas; los legionarios romanos los persiguieron con ensañamiento hasta que les hicieron sucumbir en la última contienda en la campa de la Batalla del Era. La heroicidad y resistencia de los tagarros fue grande e ilimitada, hasta la inmolación, gesta cantada por una estela de nombres de fuego, como el Brasón, las Candales, Quemados, Ardiegos o Rudamián (ruta manes, ruta de los espíritus).
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